DOS PROFETAS DE IZQUIERDAS


Desde que tiraron el Muro de Berlín y levantaron el de la Miseria, ese que va desde el Río Grande hasta el Estrecho de Gibraltar, ya ni siquiera para la "nouvelle gauche" está bien leer a Marx.

A lo mejor por ganas de incordiar, a nosotros nos dio por volverlo a leer y explicarlo en clase. Y nos parece que la "nouvelle gauche" debería hacer lo mismo, porque es ahora cuando Marx es de más actualidad.

Las profecías de Fukuyama sobre "El Fin de la Historia" de una humanidad liberada por el mercado libre no se han cumplido. Las de Marx, por el contrario, parece que siguen para adelante.

Antes los ricos eran más buenos, cuando les daba miedo que nos volviéramos comunistas todos (o peor: todos y todas, si además de comunistas nos volvíamos politicalicorrect@s. Qué barbaridad). Ahora, desde que a la baronesa Thatcher of Keteven se le ocurrió aquello de "There is not such a thing as society", y la gente se volvió politicalicorrecta pero se dejó lo del comunismo, han vuelto a las andadas, y más malas que antes. Y si no, a ver qué dice el presidente de la sociedad sueco-suiza ABB, que ha hecho famosa su definición de la mundialización del mercado libre:

Yo definiría la mundialización como la libertad para mi grupo de invertir donde quiera, el tiempo que quiera, de producir lo que quiera, de aprovisionarse y vender donde quiera, soportando lo menos posible de obligaciones en materia de derecho del trabajo y de convenios sociales.
Así que, o se planifica la economía, como propuso Marx o de otra manera (doctores tiene la Iglesia), o se la deja que siga tan incivil como el señor presidente de la ABB, y que la industria envenene la tierra, que el comercio ahogue la industria, que la finanza arruine el comercio, que la especulación acabe con la finanza, y que las mafias se encarguen de especular.

Verdad es que eso de proletarios y burgueses suena a pasado de moda. Pero cámbiese por excluidos y accionistas, y se verá que es de lo más vivo y en directo. Y no porque el problema sea nuevo. Al contrario, es actual, actúa también ahora porque es viejo como los ídolos de siempre, como los de tiempos de Amós, que es el profeta más antiguo del Antiguo Testamento. Y en quien Marx nos hace pensar, porque les encontramos un aire de familia.

Amós de Tecua y Karl Marx pertenecen, aunque alejados el uno del otro por el tiempo, el espacio y el talante religioso -Amós es monoteísta; Marx, panteísta, aunque él se creyera ateo- a la misma clase de hombres que no soportan la injusticia, la estupidez y la hipocresía, y consagran su vida a denunciarlas y combatirlas. Por eso, los dos arremeten contra el poder sacralizado de turno:
 

En Europa se aparece un espectro: el espectro del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han coaligado contra este espectro en una santa montea: el papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los policías alemanes. Manifiesto (1) 31:1. Y mandó Amasías, sacerdote de Bétel, que le dijeran a Jeroboam, rey de Israel: "Amós está conspirando contra ti dentro de la casa de Israel. La nación (2)  ya no puede aguantar más sus discursos. Porque Amós va diciendo esto: «A espada morirá Jeroboam, e Israel irá exiliado al exilio, lejos de su tierra»". Y Amasías le dijo esto a Amós: "Vidente, ve y escápate a tierra de Judá, y gánate allí el pan prefetizando. Pero no profetices más en Bétel, que es santuario del rey y casa real". Am 7,10-13. 

Sin tratar de presentar aquí una especie de borrador de los "Evangelios Sinópticos de Izquierdas", leyendo, por ejemplo, esto que ponemos a un lado, estábamos acordándonos de lo que ponemos al otro:
 
Las tiradas burguesas sobre la familia y la educación, sobre las relaciones íntimas entre padres e hijos son tanto más repugnantes, cuanto que la gran industria destruye en el proletariado todo lazo familiar y hace de los niños simplemente artículos de comercio e instrumentos de trabajo.
"¡Pero vosotros los comunistas queréis introducir la comunidad de mujeres!", vocifera a coro la burguesía en pleno.
El burgués ve a su mujer como simple instrumento de producción. Como han oído que los instrumentos de producción van a ser explotados en común, naturalmente no tiene más remedio que pensar que el destino de las mujeres va a ser también el de pertenecer a todos. 
No se le ocurre que se trata precisamente de suprimir una situación en la que la mujer es simple instrumento de producción.
Por añadidura, no hay nada más ridículo que el gran escándalo moral producido en nuestro burgués por la supuesta comunidad oficial de mujeres de los comunistas. Los comunistas no necesitan introducir la comunidad de mujeres: ha existido casi siempre. M.55:2-56:3 
Así habla Yhwh: a estas tres faltas de Israel y a estas cuatro no cederé: a haber vendido al justo por plata, y al pobre por mor de un par de sandalias; a estar suspirando por poner la cabeza de los necesitados en el polvo de la tierra, mientras tuercen el camino de los más humildes; y a que padre e hijo se junten con la misma moza, profanando el nombre de mi santidad. Am 2,6-7.

 
¿Sobre qué se funda la familia actual, la familia burguesa? En el capital, en el propio provecho. Una familia próspera y feliz, es únicamente para la burguesía; sólo, que encuentra su complemento en la obligada falta de vida de familia del proletario y en la prostitución pública. M.55:2. Oíd esto, vacas de Basán, las de la montaña de Samaria, que explotáis a los débiles, maltratáis a los pobres, y decís a vuestros amos "Venga, vamos a beber". El Señor Yhwh se lo tiene jurado por su santidad; ya se os están viniendo encima los días: os van a levantar con bicheros, y a vuestra prole con arpones de pesca. Am 4,1-2.

 
Pero no nos provoquéis midiendo la abolición de la propiedad privada con vuestras ideas burguesas sobre la libertad, la cultura, el derecho, etc. Vuestras ideas mismas son el producto del sistema burgués de producción y de propiedad, así como vuestro derecho es sólo la voluntad de vuestra clase, constituida en ley; voluntad que no contiene más que las necesidades materiales de vuestra clase. M.54:5. Estáis convirtiendo en ajenjo el derecho, y echando por tierra la justicia. En la puerta odian al que critica, y al que habla con integridad lo aborrecen. Por eso, porque pisoteáis al débil y le quitáis la carga de trigo, las casas de piedra tallada que habéis construido no las habitaréis; de las viñas selectas que habéis plantado no beberéis el vino. Am 5,7.10-11.

 
Se ha objetado que con la abolición de la propiedad privada toda actividad desaparecería, y que reinaría la pereza general.
Si fuera así, hace tiempo que la sociedad burguesa se habría hundido en la pereza, puesto que los que trabajan no ganan, y los que ganan no trabajan. Toda esta reflexión no es más que una tautología: en cuanto desaparezca el capital, desaparecerá el trabajo asalariado. M.54:1-2.
Ahí están, reclinados en lechos de marfil, tumbados en sus divanes, comiéndose los corderos del rebaño y los terneros del establo. Tañen al son de la cítara, y se las dan de David inventando músicas. Tomando copas y perfumados con lo más caro, lo mismo les da la ruina de José. Por eso irán ahora a la deportación, delante de los deportados, y se acabó el banquete de los tumbones. Am 6,4-7.

 
Por eso, por su acción política, participan en todas las medidas de violencia contra la clase obrera, y en la vida corriente, con todas sus frases pomposas, se las arreglan para coger las manzanas de oro y trocar la verdad, el amor, el honor, en el cambalache de la lana, la remolacha y el ajenjo.
El cura va mano a mano con el señor feudal, como el socialismo de los curas con el socialismo feudal.
Nada es más fácil que dar una capa de socialismo al ascetismo cristiano. ¿No ha reprobado el cristianismo la propiedad privada, el matrimonio, el estado? ¿No ha predicado en cambio la caridad y la mendicidad, el celibato y la mortificación de la carne, la vida cenobítica y la iglesia? El socialismo cristiano no es más que el agua bendita con la que el cura bendice las contrariedades del aristócrata. M.63:2-4
Odio, rechazo vuestras fiestas y me huelen mal vuestras asambleas. ¿Que me ofrecéis holocaustos y dones? Pues no los quiero. ¿Que me apaciguáis con cebones? Pues ni los miro. Quítame ya el alboroto de tus cantos, y que no oiga el son de tus arpas. Pero que ondee como agua el derecho, y la justicia como torrente que no se seca. Am 5,21-24.

Pero hay una diferencia, y de talla, entre Amós y Marx: para Amós, luchar por la justicia, únicamente por la justicia, no tiene sentido.

Israel acababa de reconquistar del reino arameo de Siria las paqueñas ciudades de Lo-Davar (="Nada") y Qarnáyim (="Dos Cuernos") que, en justicia, al menos para Amós, le pertenecían, puesto que eran patrimonio de Israel.

Pero, inesperadamente, Amós se burla de la justicia con un doble equívoco malintencionado:

<Haxx'méhîm l'ló dábár há´ómrîm hàló´ b'házqénû lánû qarnayim> (6,13): Se alegran por lo de Lo-Davar, y van diciendo: "¿Pues no nos apoderamos de Qarnáyim por nuestras propias fuerzas?"
Para traducir el equívoco sobre Lo-Davar basta la mayúscula. Para traducir el de Qarnáyim, permítasenos (aunque quizá fuera mejor que no) pasar de la anatomía simbólica hebrea, en la que la fuerza y la virilidad residen en los cuernos (de los toros), a la de nuestro román paladino:
Se alegran por Nada, y van diciendo: "¿Pues no nos apoderamos de Dos Cojones porque los tenemos muy gordos?"
Y Marx:
Con el desarrollo de la gran industria, a la burguesía se les hunde bajo los pies la base sobre la que produce y se apropia la producción. Lo que produce principalmente son sus propios sepultureros. Su naufragio y la victoria del proletariado son igualmente inevitables. M.48,1.
Los himnos de victoria, que Amós canturrea con zumba, los pregona Marx con la trompeta solemne del Destino: los proletarios serán la clase dominante, y su triunfo es inevitable. Conquistarán la justicia como los israelitas conquistaron Lo-Davar y Qarnáyim. Con el impulso de la historia, y con que tengan lo que hay que tener para que triunfe la revolución.

Amós es menos ingenuo. Primero, porque cuenta con lo imprevisto, con la "cólera de Yhwh", que puede caer sobre el rico y el pobre (4,6-11; 7,1-9,4). Después de todo, siempre quedará el peligro de que, corriendo hacia la Gran Velada, se resbale uno en una piel de plátano y.

Además, porque para Amós, la historia es otra cosa. No es la historia, y mucho menos la historia económica la que empuja al hombre, sino el hombre el que hace su historia, según como Dios habite su corazón (Am 2,14-16). Para Marx, la historia es Destino. Para Amós, Providencia.

También, porque es lo bastante sensato para desanimarse y dudar (5,13; 9,7). Amós no fue a pelear por la justicia como voluntario, sino llamado a filas por Dios:

Ni soy profeta ni aprendiz de profeta: soy boyero y sicomorero. Pero Yhwh me agarró de detrás del ganado, y Yhwh me dijo: "Vete a profetizar a mi puebo Israel" (7,14-15).
Pero sobre todo porque, para Amós, el derecho a la justicia se basa en el amor de Dios por su pueblo, y en el sentido que le da el amor a la exigencia de justicia.

El libro de Amós empieza con el rugido de rabia del Señor, porque están maltratando a sus hijos; acaba con la promesa de su ternura y la bendición sobre una tierra habitable y renovada.

Marx tiene razón. Al final, ganarán los "proletarios". Pero no por sus qarnáyim, sino por amor de Dios. El amor de Dios, en inclusión a todo el libro de Amós, encierra en medio la estúpida confianza de Israel en sus derechos y en sus victorias, en sus propias fuerzas, y la lucha del profeta contra el ídolo fundamental, la Plata, el "cuerno del poderío" del que todos los otros ídolos no son más que avatares. Lo que hace rugir (1,2) al Señor, es que se traicione su amor (2,4; 3,1-2; 4,12), y que se maltrate a sus hijos (1,3.6.9.11.13; 2,1). Cuando se deja de lado ese amor, la justicia es amarga como veneno:

¿Corren por la piedra los caballos? ¿Aran con los bueyes? Pero vosotros convertís en veneno el derecho, y el fruto de la justicia en ajenjo (6,12).
La justicia de Marx es sobre todo ajuste de cuentas, que sí, que habrá que ajustar en su día. Pero la justicia por la que lucha Amós va más lejos: es justeza del plan de Dios y ajuste del hombre a su amor.
Alma, 9 de junio de 2001
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(1)  Citamos y traducimos la edición de que disponemos: Karl Marx und Friedrich Engels, Manifest der kommunistischen Partei, Verlag für frendsprachige Literatur, Peking 1975. Después de la sigla notamos la página; después de los dos puntos, el párrafo (si hemos empezado a contar por abajo, subrayado); después de la coma, la línea. Los otros signos de puntuación los usamos como en las citas bíblicas. [vuelta]

(2)  La traducción es nuestra. [vuelta]


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